Recuerdos de enano
Hoy me apetece escribir sobre dos recuerdos muy puntuales que tengo de cuando era un crío, cuando no tenía mayor preocupación que parchar la bici o recoger aquél balón que se había quedado en el tejado del vecino.
En primer lugar me gustaría recordar a mi abuelo, el padre de mi madre, esa persona que siempre tenía dos cosas esperando por mi: una gran sonrisa y todo el tiempo del mundo para hacer lo que yo quisiera. Aunque era yo muy pequeño recuerdo cómo me dejaba ganar a las cartas y cómo me enseñaba a morder como un hombre, en su mano, aunque le doliese.
El segundo recuerdo es para mi otro abuelo, el padre de mi padre, mi padrino. Sólo tenía que abrir la boca, pedir lo que fuera, el capricho más tonto que se le pudiera ocurrir a un niño... y allí estaba él para hacerme felíz. Aquella primera BH roja que se me antojó un día jugando en la calle al final resultó ser regalo suyo.
Sé que -por lo que dicen- llevo dentro algo de cada uno, en gestos, formas de actuar, etc. Por desgracia no he podido disfrutar de ellos lo que hubiera querido y aunque los recuerdo prácticamente todos los días, hoy -día especial- me hace ilusión tenerlos presentes en mis recuerdos de enano.